abril 04, 2020
marzo 31, 2020
LAS COSAS PERSISTEN BAJO LA HUMILLACIÓN DE LA LUZ
Lo mejor será escoger el camino de Galta, recorrerlo de nuevo (inventarlo a medida que lo recorro) y sin darme cuenta, casi insensiblemente, ir hasta el fin – sin preocuparme por saber qué quiere decir «ir hasta el fin» ni qué es lo que yo he querido decir al escribir esa frase. Cuando caminaba por el sendero de Galta (…) no me hacía preguntas: caminaba, nada más caminaba, sin rumbo fijo. Iba al encuentro… ¿de qué iba al encuentro? Entonces no lo sabía y no lo sé ahora. Tal vez por eso escribí «ir hasta el fin»: para saberlo, para saber qué hay detrás del fin. Una trampa verbal; después del fin no hay nada, pues si algo hubiese el fin no sería fin. Y, no obstante, siempre caminamos al encuentro de…, aunque sepamos que nada ni nadie nos aguarda. Andamos sin dirección fija pero con un fin (¿cuál?) y para llegar al fin. Búsqueda del fin, terror ante el fin: el haz y el envés del mismo acto. Sin ese fin que nos elude constantemente ni caminaríamos ni habría caminos.
Hay un polvillo en el aire, una sustancia impalpable que irrita y marea. Las cosas parecen más quietas bajo esta luz sin peso y que, sin embargo, agobia. Tal vez la palabra no es quietud sino persistencia: las cosas persisten bajo la humillación de la luz.
(...)
frases que son lianas que son manchas de humedad que son sombras proyectadas
por el fuego en una habitación no descrita que son la masa oscura de la
arboleda de las hayas y los álamos azotada por el viento a unos trescientos
metros de mi ventana que son demostraciones de luz y de sombra a propósito de
una realidad vegetal a la hora del sol poniente por las que el tiempo en una
alegoría de sí mismo nos imparte lecciones de sabiduría tan pronto formuladas
como destruidas por el más ligero parpadeo de la luz o de la sombra que no son
sino el tiempo en sus encarnaciones y des encarnaciones que son frases que
escribo en este papel y que conforme las leo desaparecen:
no
son las sensaciones, las percepciones, las imaginaciones y los pensamientos que
se encienden y apagan aquí, ahora, mientras escribo o mientras leo lo que
escribo:
no
son lo que veo ni lo que vi, son el reverso de lo visto y de la vista – pero no
son lo invisible: son el residuo no dicho,
no
son el otro lado de la realidad, sino el otro lado del lenguaje, lo que tenemos
en la punta de la lengua y se desvanece antes de ser dicho, el otro lado que no
puede ser nombrado porque es lo contrario del nombre:
lo
no dicho no es esto o aquello que callamos, tampoco es ni esto ni aquello: no
es el árbol que digo que veo sino la sensación que siento al sentir que lo veo
en el momento en que voy a decir que lo veo, una congregación insustancial pero
real de vibraciones y sonidos y sentidos que al combinarse dibujan una
configuración de una presencia verde-bronceada-negra-leñosa-hojosa-sonoro-silenciosa;
(…)
el
árbol no es el nombre árbol, tampoco es una sensación de árbol: es la sensación
de una percepción de árbol que se disipa en el momento mismo de la percepción
de la sensación de árbol;
los
nombres, ya lo sabemos, están huecos, pero lo que no sabíamos o, si lo
sabíamos, lo habíamos olvidado, es que las sensaciones son percepciones de
sensaciones que se disipan, sensaciones que se disipan al ser percepciones,
pues si no fuesen percepciones ¿cómo sabríamos que son sensaciones?;
sensaciones
que no son percepciones no son sensaciones, percepciones que no son nombres
¿qué son?
(…)
todo está hueco; todo está lleno hasta los bordes, todo es real, todas esas
realidades inventadas y todas esas invenciones tan reales, todos y todas, están
llenos de sí, hinchados de su propia realidad;
y
apenas lo digo, se vacían: las cosas se vacían y los nombres se llenan, ya no
están huecos, los nombres son plétoras, son dadores, están henchidos de sangre,
leche, semen, savia, están henchidos de minutos, horas, siglos, grávidos de
sentidos y significados y señales(...), los nombres les chupan los tuétanos a
las cosas, las cosas se mueren sobre esta página pero los nombres medran y se
multiplican, las cosas se mueren para que vivan los nombres;
(…)
las frases que escribo sobre este papel son las sensaciones, las percepciones,
las imaginaciones, etcétera, que se encienden y apagan aquí, frente a mis ojos,
el residuo verbal:
lo
único que queda de las realidades sentidas, imaginadas, pensadas, percibidas y
disipadas, única realidad que dejan esas realidades evaporadas y que, aunque no
sea sino una combinación de signos, no es menos real que ellas:
los
signos no son las presencias pero configuran otra presencia, las frases se
alinean una tras otra sobre la página y al desplegarse abren un camino hacia un
fin provisionalmente definitivo,
las
frases configuran una presencia que se disipa, son la configuración de la
abolición de la presencia,
sí,
es como si todas esas presencias tejidas por las configuraciones de los signos
buscasen su abolición para que aparezcan aquellos árboles inaccesibles,
inmersos en sí mismos, no dichos, que están más allá del final de esta frase,
en
el otro lado, allá donde unos ojos leen esto que escribo y, al leerlo, lo
disipan
Octavio
Paz. El mono gramático (1974), fragmentos.
marzo 29, 2020
★NO SALGAS DE CASA
Esta ciudad
nos persigue.
Nos paraliza.
Somos, sin
saberlo,
gajos de otros
cuerpos,
apenas
escombros.
Mar Alzamora
Rivera (Panamá, 1981)
no salgas de
casa
es preciso
recrudecer las
medidas
de prevención
demoremos toda
señal de dinamismo
que sea otra
vez la indiferencia
tu principal
método
de
comunicación
que sea otra
vez mi cuerpo apenas únicamente
apenas
un
desgajamiento del tuyo
permanezcamos
atentas
a lo permeable
pero también
a lo trágico
¿qué es eso
que sale
como arrancado
de una pintura rupestre
de debajo de
los escombros?
¿sería
prudente señalarlo como un doble
revolviendo
desolado mi misma imagen adentro
de una
narcosis involuntaria?
lo último que
quiere esta ciudad
es
perseguirnos
le repulsa la
sola idea
de contenernos
no salgas de
casa
no preguntes
no asomes tu humanidad al mundo
no paralices
ninguna de las formas
de entrar en
espejismos
no preguntes
no vuelvas
sin haber
conseguido la respuesta es preciso
recrudecer las
medidas
de prevención
ANDRUETTO
«No
sabemos decir qué es poesía, pero cuando algo de ella ha sido capturado y por
eso mismo nos captura, podemos reconocerla (…). La poesía es lenguaje cargado
de posibilidades, pero ¿en qué consiste esa carga?, ¿qué le da al poema su
fuerza, su durabilidad, su alejamiento en la memoria? Sabemos que reside
justamente ahí, en su capacidad de quedarse en nosotros, su triunfo sobre el
caos, sobre la banalidad del mundo y de las cosas, su resistencia al paso del
tiempo, su victoria ante lo efímero y lo fugaz. La intensidad hace a
la poesía y nos permite diferenciarla de todos los otros modos de la palabra.
En el poema, las palabras – más que en ninguna otra forma de lo oral o de lo
escrito – dejan de ser funcionales a la construcción de la historia, se
«olvidan» de ser útiles, se ponen a hacer «otra cosa», como hacen «otra cosa»
los gestos en el teatro o los sonidos en la música. Se genera así una fuerza
mucho más potente que la suma de elementos que constituyen el poema, alcanzando
un resultado que aprovecha de un modo misterioso las cualidades de cada una de
las partes. Cada buen poema es, entonces, un pequeño triunfo sobre el caos y
también sobre lo plano, lo literal, lo cerrado, lo puramente racional y lo
unívoco. (…)
No
hay «verso libre», si por libre entendemos la despreocupación o el olvido de la
forma. Cualquiera de los buenos poemas escritos en lo que llamamos verso libre
está tan lleno de reglas internas, de sofisticados mecanismos de equilibrio,
ruptura, forzamiento y digresión, como el verso medido, aunque es verdad que en
este último caso esas leyes son generales, pre establecidas, construidas a lo
largo de los siglos, y en el primero se trata de leyes auto impuestas o mejor
aún descubiertas en el propio camino de la escritura. ¿De qué se libera el verso
libre?, ¿Cómo funciona la libertad en el arte?, ¿Con qué instrumentos se
despliega?, ¿Cuánta importancia tienen en la aparición de lo propio, lo
particular y lo «libre», la obstrucción, el límite, las leyes y los
condicionamientos? (…)
Todos
hemos visto alguna vez cómo moría el esbozo de un poema en nuestra manos, por
falta de escucha, por desatención, por exceso de corrección, por exceso de
racionalidad, por falta de amor a lo que nace, sobre todo. Para que la energía
del poema no se pierda, para que eso que habita todavía en el lenguaje y están
fácilmente corrompible, pueda ser apresado sin asfixia, el poeta avanza por una
cueva oscura encendiendo fósforos que el viento apaga (…), concentra, condensa,
desnuda, depura (…). No importan los detalles si el conjunto captura algo vivo
en las palabras. El lenguaje es un organismo que rápidamente se corrompe, que
muere y se regenera todo el tiempo. Más temprano que tarde las frases dejan de
apresar lo que palpita – es asombrosa la velocidad con que lo vivo deviene en
frase hecha, en palabra muerta, en clisé – y entonces la escritura es esa
búsqueda de lo que aún permanece, lo que aún tiene poder para ligar a los seres
y las cosas, para ligarnos a nosotros con las palabras, los seres y las cosas.
«Libre»
o no, la poesía siempre es ritmo y es música y es tono y es medida. Medidas
generales o particulares de ese poema, medidas heredadas en el curso de los
siglos o medidas auto impuestas en el curso de escritura. Esa sensación que da
leer ciertos poemas y sentir que en ellos la lengua que es única/propia de ese
poema y es al mismo tiempo la lengua de todos, se remansa o se violenta o se
enrosca o se estremece y con ello nos remansa, nos estremece, nos violenta, nos
enrosca… Así, la intensidad del poema se define entonces por el vigor con que
el habla se impone a la lengua que es oficial y que está muerta o agoniza en su
obediencia, en su rigidez, en su previsibilidad. El vigor con que nos incomoda,
se desacata y se desadapta logra imponerse sobre lo que se adapta, acata y se
acomoda y de ese modo se vicia y se vacía.
María
Teresa Andruetto, «Libertad Condicional», 2010.
marzo 21, 2020
★SÁFICA ONLINE MODO EXCÁLIBUR
dos mujeres de
la mano en una aldea post neolítica de kalat
con un vértigo
animal la noticia
se vuelve
viral
en el debate
la mitad de los oradores fundamenta su verdad contraviniendo
la posición
oficial pero sorteando
con aferrada
perversión
la voluntad de
las implicadas
dos mujeres de
la mano en una aldea post neolítica de kalat
sobre los
bordes pulimentados de la mesa redonda apoyan su sentencia
los mejores
disertantes abren paso
a la leyenda
dos mujeres de
la mano en una aldea post neolítica de kalat no conocen
los efectos
ordinarios del deseo no dominan
ninguna de sus
secuelas
aparecen en
fotos sacadas desde un satélite
descalzas y
sin velo
dos mujeres de
la mano en una aldea post neolítica de kalat
no se besan ni
se tocan pero sus manos
son la espada
inverosímil empoderada mágica
clavada en la piedra
marzo 17, 2020
LOS #100 DE OLGA
Vuelvo a subir este [por capricho pero también por encantamiento, obvio]; feliz cumpleaños!
PD:
no dejen de linkearse ahí en el fondo de este post porque podrían perderse la
mejor nota escrita sobre el tema (yo avisé).
De
algún modo «los antípodas» es un juego más social – no podría decirse que un
juego de salón – si se compara con otros, tan solitarios. Nació, sin duda, de
una personal interpretación de la ley de gravedad y de la atracción que ejercen
entre sí los hemisferios de Magdeburgo, más el agregado fantástico – deducido
no sé de qué relato – de un doble que nos espera en otro siglo o en la luna.
Nunca
supe bien si este personaje era idéntico, análogo o complementario. Cuando
quise pensarlo ya era un hecho: la conducta y el movimiento humanos habían sido
engarzados por mí en un teorema indemostrable: «La fuerza de los dobles
opuestos nos sostiene». En otras palabras: el habitante que está en
el lugar opuesto de la tierra se sostiene en su lugar y me sostiene gracias a
la mutua fuerza de atracción que opera desde nuestros cuerpos y que podría
dibujarse en una línea que va desde sus talones a los míos – y viceversa –
pasando por el centro de la tierra. Cuando él se desplaza, me desplazo; cuando
me arrojo al mar, se arroja o cae al mar; cuando viajamos, viajamos en
direcciones contrarias para permanecer en la misma referencia. ¿Se puede pedir
un desencuentro más encontrado, una oposición menos opuesta? Nuestros gestos
tienen una respuesta simultánea y nuestros actos nos comprometen en una
complicidad desmedida (¿cómo podríamos realizar actos distintos con los mismos
ademanes?).
Olga
Orozco; «Juegos a cara y cruz» (frg.), en La oscuridad es otro sol,
1967.
febrero 25, 2020
DIÁLOGO
Te hablaba del jarrón azul de loza,
de un libro que me habían regalado,
de las Islas Niponas, de un ahorcado,
te hablaba, qué se yo, de cualquier cosa.
Me hablabas de los pampas grass con plumas,
de un pueblo donde no quedaba gente,
de las vías cruzadas por un puente,
de la crueldad de los que matan pumas.
Te hablaba de una larga cabalgata,
de los baños de mar, de las alturas,
de alguna flor, de algunas escrituras,
de un ojo en un exvoto de hojalata.
Me hablabas de una fábrica de espejos,
de las calles más íntimas de Almagro,
de muertes, de la muerte de Meleagro.
No sé por qué nos íbamos tan lejos.
Temíamos caer violentamente
en el silencio como en un abismo
y nos mirábamos con laconismo
como armados guerreros frente a frente.
Y mientras proseguían los catálogos
de largas, toscas enumeraciones,
hablábamos con muchas perfecciones
no sé en qué aviesos, simultáneos diálogos.
En “La continuación” y otras páginas. Buenos
Aires: Centro Editor de América Latina, 1981.
👉 LAS DEPENDENCIAS (DOCUMENTAL DE LUCRECIA MARTEL)
👉 «SILVINA FRENTE AL ESPEJO» (ARGENTINA.GOB.AR)
👉 «FANTÁSTICA Y MISTERIOSA
SILVINA» (CULTURA.GOB.AR)
-----------------------------
Silvina Ocampo (1903-1993). Escritora, cuentista y poeta argentina.
Antes de consolidarse como escritora, estudió pintura y
dibujo en París.
En 1931 formó parte del grupo fundador de la
revista Sur, dirigida por su hermana Victoria.
En 1932 conoció al también escritor
argentino Adolfo Bioy Casares, con quien se casó en 1940, y junto a quien escribió
la novela policial Los que aman, odian, en 1946.
Entre sus amigos se encontraba el escritor
italiano Italo Calvino, quien elogió su escritura y prologó sus cuentos.
Recibió el Premio Municipal de Literatura en 1954.
En 1962, ganó el Premio Nacional de Poesía por Lo amargo por
dulce. Además, le fue otorgada la prestigiosa Beca Guggenheim y, en
1984, fue distinguida con el Premio Konex Diploma al Mérito. También le
fue concedido el Gran Premio de Honor de la SADE, en 1992.
Entre sus libros publicados se encuentran Viaje
olvidado (1937), Poemas de amor desesperado (1949), Los
nombres (1953), Autobiografía de Irene (1948), La
furia y otros cuentos (1959), Las invitadas (1961) y Los
días de la noche (1970).
Se la considera una de las escritoras más importantes
de la literatura argentina del siglo XX.
