agosto 25, 2026
ÁGATHA: UNA HISTORIA DE CINE
Resulta
un tanto extraño hablar de esta película refiriéndonos a ella específicamente
como “biopic”, ya que, si bien contiene varias escenas sin duda basadas en
hechos y circunstancias reales, todo el film en su conjunto no deja de ser una
muy simplista y frívola especulación acerca de un único y polémico episodio,
que data de los años veinte y que tuvo como protagonista a la multipremiada
escritora y dramaturga británica Agatha Christie (1890-1976).
Dicho
esto, y sin mayores rodeos, pasaremos directamente a los “Sí” y a los “No”:
SÍ
• Agatha (Michael
Apted, 1979) maneja bien el suspenso y pone toda la atención donde hay que
ponerla: el coronel del ejército Archibald Christie —primer esposo de la
escritora— pide el divorcio porque asegura estar enamorado de otra mujer (su
secretaria, Nancy Neele). Agatha no quiere dejar ir lo que ya está
evidentemente perdido: se siente deprimida, sufre de insomnio, come poco, es
infeliz. En un arrebato de frustración nunca explicado del todo, toma su
abrigo, una maleta y se marcha. Abandona su auto en la ruta y se hospeda
durante 11 días en un hotel de lujo bajo un nombre falso. La prensa inglesa
sólo habla de ello. La policía y miles de fanáticxs, lectorxs y voluntarixs la
buscan sin descanso. Todas las miradas (y las habladurías) apuntan a su esposo.
Hasta
ahí, bien. Es, más o menos, lo que pasó.
•
Le damos otro punto por el casting. Nadie en su sano juicio podría negar que
Vanessa Redgrave (Agatha), Timothy Dalton (Archie) y Dustin Hoffman (Wally
Stanton, el periodista) son excelentes actores y hacen impecablemente bien lo
suyo. Charming.
•
Aunque no ganó, recibió una nominación a Mejor Diseño de Vestuario (a cargo de
Shirley Russell), en la 52.ª edición de los Premios Óscar. Merecido
reconocimiento: los atuendos están, para qué negarlo, muy bonitos y correctos.
•
La maquinita de escribir portátil tipo Royal que lleva y trae Hoffman es una
pequeña maravilla puesta al servicio de la humanidad, me muero de la envidia
(lo dije).
NO
•
La película plantea la imaginaria hipótesis de que un brillante periodista
estadounidense de visita por Gran Bretaña (Dustin Hoffman) logra con algo de
ingenio y picardía localizar a Christie —se
hospeda en el mismo hotel, también bajo un nombre falso— e inicia una extraña
relación con ella. Típico argumento yanqui en el que un héroe
(ergo, un hombre) viene a salvar el día y a hacer entrar en razones a la débil,
dócil y vulnerable chica.
•
Hoffman (que, repito, actúa muy bien el papel que se le ha asignado) hace las
veces de dandi seductor, medio arrogante y vanidoso, a poquitos pasos de un por
lo menos irritante comportamiento obsesivo para con la pobre atormentada mujer.
•
A Vanessa (que, a mí modo de ver, es demasiado alta para representar a Agatha,
pero no por eso menos talentosa) se la ve por momentos perdida, como
desconectada del personaje (dale, activá que sos Agatha Christie!), cayendo
varias veces en clichés poco convincentes para lx espectadorx.
•
Se nos presenta, en fin, este flirteo un tanto forzado entre reportero y
novelista, que no va a ningún lado ni tiene ningún plot twist que
en definitiva valga la pena.
•
A pocas cuadras del hotel hay una especie de centro de recreación y
rehabilitación (lo que hoy sería algo así como un complejo de piletas
climatizadas, con gimnasio y consultorios de kinesiología incluidos). Entre los
tratamientos que ofrece el lugar hay uno que involucra una suerte de “silla
eléctrica” que cambia unos pocos voltios al día por la promesa siempre
bienvenida del rápido “adelgazamiento”. Obvio que es furor entre las mujeres
coquetas y pudientes de la época, y obvio también que atrae la atención de la
amante de Archie, a quien —se quiere dar a entender en la película— Agatha
viene persiguiendo cual celosa obsesionada y empedernida (a CHEQUEAR).
•
Como ya he dicho en los “Sí”, el guion no deja de hacer gala del buen suspenso,
ya que durante la última media hora se nos quiere hacer creer que Agatha (la
cual, como resulta coherente con su profesión, está hondamente familiarizada
con los ardides criminales), quiere asesinar a la amante de su esposo
manipulando la tan demandada “silla de adelgazar”. Aprende dos o tres cosas
sobre electricidad en unas pocas horas (y de un manualito de mala muerte) y por
supuesto, ya con eso nomás, está lista para ir a delinquir.
AH
PERO he aquí el plot twist (al final sí había uno): Lo que
pretende en realidad es suicid4rse (en la sillita horrorosa esa) e incriminar a
la tal Nancy para arruinarle la vida (o, por lo menos, la psiquis). Obvio que
su plan maestro fracasa porque el macho americano Dustin Hoffman se las ingenia
para impedir el desastre y poner en orden las cosas.
•
Más tarde o más temprano, varios huéspedes y parte del personal del hotel
arrancan a darse cuenta de que es la mismísima Agatha Christie la que está
entre ellos. Acude entonces la policía y todo termina —como bien sabemos que
pasó en la realidad— con un gran escándalo mediático en el que Archie declara,
cual manotazo de ahogado, que su esposa tiene en realidad amnesia y que no se
acuerda de absolutamente nada (otro gran: A CHEQUEAR).
Pobre pobrísima esta teoría especulativa y demasiaaado tirada de los pelos. No
la veo a la Christie en esa, a decir verdad. Se le admite, no obstante, el buen
toque de tensión e intriga que pretende alcanzar el director en los minutos
finales. Bien logrado.
Dónde ver: Pues, yo la vi en Stremio (que todavía funciona bien y es gratis).
También está en YouTube, aunque doblada a un idioma que no comprendo ni
comprenderé pronto.
Les
dejo la FICHA y un par de links que están buenos.
Gracias por pasar y hasta la próxima!
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