mayo 13, 2021

★YO TAMPOCO

  

adentro mío hay un temblor

y no sé

cómo se apagan los temblores

(por qué parte del cuerpo

se los atrapa)

 

siempre te estoy queriendo perder

te estoy queriendo preguntar

cómo es andar toda la vida de una punta a la otra

con el nombre de una provincia canadiense a cuestas

y si es verdad

que así se llaman también

los mártires del 6 de octubre

y la canción número 7 de un disco de Eric Clapton

 

te podrías haber llamado

                                                         Adelaida Berenice

y entonces todo sobre tu nombre ya hubiera estado escrito

 

pero no (otra vez no)

no hago más que anotar frases que deberían descongelarte – tendrían que –

pero no (otra vez no)

 

y no hay como la onomástica

para ir mejorándonos las obsesiones

 

 

«Yo tampoco soy ninguna» (fragmento); de Límbica© (El Taller Blanco, 2020)


abril 29, 2021

SIEMPRE ALEJANDRA

 



10

 

un viento débil

lleno de rostros doblados

que recorto en forma de objetos que amar

 

14

 

El poema que no digo,

el que no merezco.

Miedo de ser dos

camino del espejo:

alguien en mí dormido

me come y me bebe.

 

20

 

dice que no sabe del miedo de la muerte del amor

dice que tiene miedo de la muerte del amor

dice que el amor es muerte es miedo

dice que la muerte es miedo es amor

dice que no sabe

 

Alejandra Pizarnik. Árbol de Diana, 1962.


abril 14, 2021

SIN NOMBRARME


Una gota de sangre nos endereza el espinazo    Nos corroe como si fuéramos de espuma    Nos convierte en saliva atravesada    En juego opaco con vitrinas espléndidas

Por cucharadas, la vida obliga en sus angustias    Corre la ficha de los huesos bajada al sótano sin habla    A basuras pulcramente anegadas con millones de tilos invisibles

Una sola epidermis para burlar tanta imprudencia, tanta gratuita llaga ardida, tanto cristal tumbado en primavera

Las señas deshonestas del exterminio    Los ramos de la encina con su frío, los galgos del destino amotinados, el corazón que yace en su intemperie, me saben alumbrada

Se entregan a mi nombre sin nombrarme

 

Fuente: Compilación literaria de Dafne Pidemunt y Juan Fernando García. 

Para Centro Cultural Kirchner. 

 

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MARÍA MELECK VIVANCO (Córdoba, Argentina, 1921-Maldonado, Uruguay, 2010). Poeta, escritora. En 1943 se instaló en Buenos Aires, donde conoció al grupo de poetas surrealistas integrado, entre otrxs, por Aldo Pellegrini, Francisco Madariaga, Carlos Latorre y Enrique Molina. Es considerada la primera poeta surrealista latinoamericana y estuvo entre las fundadoras del Partido Comunista de Córdoba. Acudió a muchas de las reuniones organizadas por Oliverio Girondo y Norah Lange, en su ya mítica residencia de la calle Suipacha. Allí se hablaba, entre otras cosas, del surrealismo francés de André Breton, de sus agitadores manifiestos, de socialismo, política, arte y dramaturgia.

Recibió los premios Libro de Oro (Lima, 1956), Segundo Premio de Poesía de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires (1978), Premio Fundación Argentina para la Poesía (Colección de Poetas Contemporáneos, Buenos Aires, 1988), Premio de Poesía del Fondo Nacional de las Artes (Buenos Aires, 1991), Premio Unicef (Nueva York, 1996), Premio Universidad de las Letras (La Habana, 1997) y Premio Fundación Sociedad de Los Poetas Vivos (Buenos Aires, 1998).

En 1978 representó a la poesía argentina en el 3er. Congreso Latinoamericano de Mujeres Escritoras, en la Universidad de Ottawa, y fue invitada al Congreso Internacional de Surrealismo en el 3er Milenio, celebrado en Roma en 1999.

Entre sus obras se cuentan Memorias y ausencias (1966), Hemisferio de la Rosa (1973), Rostros que nadie toca (1978), Balanza de Ceremonias (1992), Canciones para Ruanda (1998) y los libros póstumos Mar de Mármara (2011) y Plaza Prohibida (2016), entre otros. 


marzo 27, 2021

SELECCIÓN DE POEMAS DE «LÍMBICA»

  

Lxs invito a leer algunos poemas de Límbica, que salieron publicados esta tarde 

en LIBEROAMÉRICA

(haciendo CLICK sobre la imagen se llega a destino 😄)

👇




marzo 26, 2021

GRACIAS, LETRALIA!


Agradezco profundamente a LETRALIA por compartir esta hermosa nota sobre Límbica, escrita por el escritor y periodista venezolano Alberto Hernández 😃💬

 

[CLICK en la imagen para leer la nota completa]

👇





marzo 21, 2021

TOMATODO

 

Sobre POESÍA decir que ante todo es «un acto de fe / un intento supremo y desesperado de verdad y rescate en la perduración», como decía Olga 😊

 

Y, en otro orden de cosas, les dejo por acá los videopoemas que realicé hace unos meses, parte del trabajo producido para la beca que recibí del Fondo Nacional de las Artes

 

Agradecida siempre 🥰

(y, otra vez, feliz día 💗)










UNA CONVERSACIÓN INFINITA


Les comparto unos poquísimos –pero maravillosos– fragmentos de Una conversación infinita. Notas sobre poesía (Ediciones del Dock, 2016), de Rafael Felipe Oteriño (La Plata, 1945), un libro que él mismo me regaló hace unos años y que, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en una especie de guía poética verdaderamente reveladora. ¡Feliz día, poesía!

 

I

Si la poesía se escribe en frío o en caliente es motivo de larga discusión. Si sus contenidos son donaciones del precipitado verbal denominado inspiración o frutos de la tenacidad del autor, abre un debate alimentado por argumentos válidos tanto de un lado como del otro. Si esos contenidos se expresan mediante las formas sensibles de una realidad verificable o a través de un paisaje mental activado por los resortes de la imaginación, tampoco tiene una respuesta concluyente. Escribir poesía es una práctica totalizadora cuya principal virtud es la de no cerrar el camino a ninguna experiencia (…).

II

La poesía está primordialmente sostenida por la emoción, emoción que se produce por la irrupción de una imagen que busca asiento en las palabras, palabras que son portadoras, antes que de un significado, de una temperatura especial. Y todo esto ocurre de manera mágica: como en una danza en la que los pasos parecen avanzar con olvido de quien los gobierna. Si fueran a preguntarme por qué escribo, no dudaría en responder con Dylan Thomas: porque me gustan las palabras como signo, como sentido, como sonido; «sentir que ahí están ellas, hechas de blanco y de negro, pero que de su propio ser surgen el amor, el terror, la piedad, el dolor, la admiración, todo eso que hace grandes y efímeras nuestras vidas». Recorrer en ellas y con ellas la distancia que va de una ausencia a una presencia, de una falta a una compensación, de lo no dicho a lo finalmente expresado. Un día visité el Oráculo de Apolo, en Delfos, y observé las piletas por donde circulaban las aguas humeantes que embriagaban a la pitonisa, las losas en que los intérpretes dilucidaban sus palabras, y comprendí que la poesía cumple una tarea semejante a la de esos intérpretes: traduce algo que flota denso, indiviso –y cuántas veces hermético– y que recién se vuelve manifiesto cuando encuentra el lenguaje que lo revela (…).

III

Habría que alertar al lector para que no busque en el poema lo que éste no puede dar: recetas, conclusiones, certezas sobre cuestiones que son reacias al encasillamiento, como el amor, los sueños o la perplejidad de estar vivos. Que lo que busque sea el comienzo de una aventura que no habrá de llevarse a cabo sin su intervención. Porque los poemas dicen lo que dicen, pero, al mismo tiempo, dicen otra cosa. (…)

IV

El horizonte del poeta está constituido por las palabras: como grafía y como sentido, en su valor sonoro y morfológico. (…) Bachelard lo expresa de un modo hipnótico: «Soy un soñador de palabras, un soñador de palabras escritas. Creo leer. Una palabra me detiene. Dejo la página. Las sílabas de la palabra empiezan a agitarse. Los acentos tónicos se invierten. La palabra abandona su sentido como una sobrecarga demasiado pesada que impide su soñar. Las palabras toman entonces otros significados, como si tuvieran el derecho de ser jóvenes. Y las palabras van, entre las espesuras del vocabulario, buscando nuevas, malas compañías». (…)

V

¿Qué dice la poesía? La poesía es la historia de una decepción (Mallarmé le llama impotencia), pero es, asimismo, la historia de una conquista. Porque imposibilitado el poeta de hacer suyo el lenguaje de las cosas –el discurrir del río, la fronda cambiante de los árboles, la llamarada de su propia conciencia– hace poesía: realiza una cosa distinta de lo que ve, de lo que oye y de lo que siente. Hace un objeto de palabras que no las refleja ni las repite: las recrea, que es su modo de hacerlas visibles. (…)

VI

¿Para qué la poesía? Podría comenzar diciendo: para que el silencio responda, para que la muerte no tenga la última palabra (…). Lo cierto es que la pregunta plantea todo un estado de cosas. En primer lugar, el de la inactualidad de la poesía. Porque nadie se pregunta «¿para qué las heladeras?». «¿para qué los aviones?». La noción «heladera» o «avión» están unidas a su función y satisfacen de manera instantánea la comprensión de la figura. En cambio, la pregunta por la poesía abre un abanico de respuestas. Habrá quienes la verán como un pasatiempo para ociosos, cable a tierra, tarea de iniciados, secta secreta o club privado; otros, mejor intencionados, hablarán de comunicación, modo de conocimiento, arte, escuela espiritual. Ello pone en claro que la función de la poesía es, por lo menos, difusa. Formular la pregunta no es, pues, un asunto menor. Sobre todo, porque, contra todas las apariencias, estamos los que creemos que la poesía todavía tiene algo que decir. (…)

VII

La poesía cumple la finalidad ética de restablecer la noción de persona (…) ¿Cómo lo hace? Oponiendo la temperatura del sentido a la negación y al absurdo, mediando entre los hechos y los hombres, entre la persona privada y la pública, entre la vehemencia de las cosas por ser y la impotencia del lenguaje al nombrarlas, entre las ideas generales y el simple dolor humano. Abierta al misterio, la poesía lo expone en su condición misma de misterio. Este es su arte. Memoria, contramemoria, réplica o antídoto, visión o encantamiento, que proyecta un haz de luz sobre todo aquello que de misterioso, oculto y callado hay en nuestras vidas.




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Rafael Felipe Oteriño (La Plata, Buenos Aires, 1945). Escritor, docente, abogado. Desde 2014 es miembro de la Academia Argentina de Letras. Entre su prolífica obra se encuentran los libros Altas lluvias (1966), Campo visual (1976), Rara materia (1980), El invierno lúcido (1987), La colina (1992), Lengua madre (1995), El orden de las olas (2000), Todas las mañanas (2010) y Y el mundo está ahí (2019). Fue traducido al italiano, al inglés y al catalán. Recibió los premios Fondo Nacional de las Artes (1967), Alfonsina (1984), Konex (1989) y Esteban Echeverría (2007), entre otras numerosas condecoraciones.