abril 21, 2018

la lluvia no pudo hacer nada







Yo vengo sospechando que en alguna parte de este cuarto se guardan los excesos de coincidencias, [se guardan] las representaciones sensoriales carentes de rótulos, de credenciales, de marcas axiomáticas aparentes, de vos, de mí, de pronombres. Estuve de rodillas en un campo minado. Estuve de rodillas en un campo de abonanzado apocalipsis. Estuve de rodillas en un campo virgen, absuelto de todos nuestros crímenes. Estuve de rodillas en la única fracción suspendida de un territorio en llamas. Estuve de rodillas. Y la lluvia no pudo hacer nada para erradicar el polvo de los vidrios. No pudo hacer nada para limpiar la escena (tan dantesca escena, tan funcional a lo sentido). La lluvia no pudo hacer nada para amortiguar esa exactitud verbal con que insistimos en describir lo poco que sabíamos de nuestra herencia simbiótica, lo poco que entendíamos. Yo vengo sospechando que este cuarto es una mesa polifónica de disección de incalculable longitud, sin bienes ni males mobiliarios y sin luz natural. Esta sospecha vino a contaminar todo. A confirmarnos la existencia esencial de ese todo que por supuesto ya presentíamos incompleto. Afuera llueve. Una figura imprecisa de piedra está sentada en el borde de esta misma calle. Debajo está mi nombre.










inédito, 2018.