Vengo
a presumir mi regalo de cumpleaños
(by
Laura Cófreces, a quien vuelvo a decir GRACIAS 🙌)
Me
declaro fan de las primeras ediciones y me declaro fan de esta señora (todo lo
cual no viene a sorprender a nadie, ya lo sé).
Es
otro nivel de emoción lo que me causa este objeto, tan excepcional como
hermoso: "un Alejandra original", como bromeamos en casa.
Alejandra
completó esta serie de poemas tras su regreso de París, presumiblemente entre
1966 y 1967 (algunos textos, que datan de 1962 a 1966, mantienen un vínculo
directo con pasajes de sus Diarios correspondientes a esos años).
La
contratapa fue escrita por el poeta surrealista André Pieyre de Mandiargues
(Francia, 1909-1991), también novelista y dramaturgo, con quien mantuvo durante
años una profusa correspondencia.
El
título remite a la obra homónima (o casi homónima) del pintor neerlandés El
Bosco (1450-1516), realizada alrededor de 1475 y actualmente conservada en el
Museo del Prado (Madrid).
La
escena de esta pintura responde a una creencia medieval sobre la “piedra de la
locura”, una supuesta piedra alojada en la cabeza que causaba la demencia o la
necedad de las personas y que se podía extraer mediante una antigua práctica
quirúrgica. En su óleo, El Bosco satiriza el episodio de esta falsa
intervención y se burla de la ingenuidad de quienes creen en ella.
“La
locura” aparece en el cuadro como una entidad, una condición identificable y,
por tanto, extraíble.
Pizarnik
rechaza esta concepción de la palabra y despoja al sustantivo de su categoría
estable: "locura" —ya sin el artículo que la determine— pasa a ser
una zona abstracta, flotante y, por supuesto, imposible de "extraer".
Alejandra
incluyó, además, un dibujo propio en la portada: minimalista, de línea simple y trazo
infantil. Representa una figura humana desproporcionada, con rasgos apenas
definidos, en un espacio vacío, sin contexto ni fondo reconocible, y
desvinculada de la obra medieval en la que se ha inspirado: si El Bosco
representa la locura como espectáculo moral, Alejandra la reduce a un cuerpo
solo, expuesto y sin mediación.
En
estos poemas, la locura es el lugar desde donde se escribe. La escritura es un
riesgo extremo. Se explora el desarraigo como condición existencial, el
sentimiento de no pertenencia y la imposibilidad del decir: la palabra es
la herida y, por consiguiente, el lenguaje está destinado a fracasar.
Y
ya que estamos mencionando el tema, aprovecho para decir también: todxs
deberíamos tener la posibilidad de revisar nuestras emociones y acudir a un
profesional de la salud mental cuando lo creamos necesario. Nunca olvidemos
eso, ni la importancia que implica que la "locura" esté empezando a
correrse del lugar del estigma, del lugar de lo incómodo y del tabú.
VÉRTIGOS O CONTEMPLACIÓN DE ALGO QUE TERMINA
Esta lila se deshoja.
Desde sí misma cae
y oculta su antigua sombra.
He de morir de cosas así.
ESTAR
Vigilas desde este cuarto
donde la sombra temible es la tuya.
No hay silencio aquí
sino frases que evitas oír.
Signos en los muros
narran la bella lejanía.
(Haz que no muera
sin volver a verte.)
En Extracción de la piedra de locura
(Sudamericana, 1968).
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